Irán completa la construcción de un sistema total de vigilancia digital

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Durante el último mes, el gobierno iraní ha demostrado su capacidad para desconectar completamente al país de Internet global mientras reprime las protestas con fuerza letal. Este cierre, aunque aparentemente caótico en su ejecución, revela la culminación de más de 15 años de desarrollo sistemático hacia el control digital total: una intranet nacional cerrada conocida como Red Nacional de Información (NIN) combinada con capacidades de vigilancia cada vez más refinadas.

Durante años, Teherán ha impuesto filtros de Internet, toques de queda y apagones para sofocar los disturbios. Sin embargo, el reciente cierre fue excepcionalmente brutal. Los investigadores señalan que el gobierno accidentalmente paralizó el propio NIN durante el proceso. Esto plantea dudas sobre si los mecanismos de control del régimen son tan confiables como se cree o si el cierre fue una reacción impulsiva y exagerada a la escalada de protestas. El hecho de que incluso la infraestructura controlada por el Estado fracasara es significativo y pone de relieve la fragilidad de un sistema construido para el control absoluto.

El NIN y la Vigilancia Total

El objetivo del gobierno iraní es claro: crear un entorno digital donde se controle toda la actividad en línea. Los informes de Holistic Resilience muestran que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) posee o controla prácticamente toda la infraestructura de telecomunicaciones. Esto les permite acceder a todos los datos del NIN, incluidas las comunicaciones, el historial de navegación e incluso patrones de comportamiento.

No se trata sólo de rastrear a los disidentes. El gobierno está implementando una “vigilancia del estilo de vida”, un sistema diseñado para monitorear la vida diaria de los ciudadanos a través de redes CCTV, reconocimiento facial y aplicaciones de recopilación de datos. Las leyes y regulaciones iraníes apoyan activamente esta vigilancia, con la ayuda de piratas informáticos afiliados al estado y empresas dispuestas a cooperar.

El NIN tenía como objetivo proporcionar servicios específicos de Irán y al mismo tiempo dificultar la salida de información del país. Su diseño aislacionista evita conexiones exteriores. Sin embargo, el reciente cierre demostró que incluso este sistema es vulnerable. Durante el apagón, los sitios web gubernamentales y los servicios nacionales estuvieron fuera de línea, al igual que los teléfonos fijos y las tarjetas SIM.

El futuro de la conectividad iraní

A medida que la conectividad se restablece parcialmente, el régimen parece estar avanzando hacia un sistema de “lista blanca” que restringe el acceso a organizaciones, sitios web y aplicaciones aprobados. Los medios estatales ya han publicado listas de servicios permitidos en el NIN, convirtiendo efectivamente el acceso a Internet en un privilegio otorgado por el gobierno.

Las implicaciones a largo plazo son crudas. Irán podría desconectarse permanentemente de Internet global, aislando aún más a su población y fortaleciendo al mismo tiempo el control interno. O bien, el sistema podría colapsar por su propio peso, como sugiere el reciente y caótico cierre. La imprevisibilidad de la situación dificulta evaluar las verdaderas intenciones del régimen.

“Cuando desconectas absolutamente todo, incluso las personas que tal vez no quieran terminar saliendo a la calle, porque ya no pueden ver lo que sucede simplemente sentadas en sus casas”, explicó un investigador del Proyecto Ainita.

En última instancia, a medida que los iraníes recuperan una conectividad limitada, regresan a un entorno de vigilancia más intrusivo que nunca. El gobierno iraní ha construido con éxito un panóptico digital y la pregunta ahora es si podrá mantener el control sin destruir completamente el sistema en el proceso.