Benoît Richaud, un entrenador francés de patinaje artístico, inesperadamente se convirtió en una estrella en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, no por su destreza atlética, sino por un hábito peculiar: ponerse la chaqueta de cada equipo que entrena mientras compiten. Este detalle aparentemente menor ha cautivado a espectadores de todo el mundo, convirtiendo al estoico entrenador en una sensación de Internet de la noche a la mañana.
El auge del entrenador que cambia de chaqueta
Richaud trabaja actualmente con 16 patinadores de 13 países, y su presencia en el borde de la pista se ha convertido en una broma constante entre los espectadores olímpicos. El entrenador, siempre con la misma expresión seria, se integra perfectamente con cada equipo poniéndose la chaqueta en la zona del “beso y llanto”. La simple frecuencia de sus cambios de chaqueta (y el hecho de que entrene a tantos atletas) rápidamente llamó la atención del mundo en línea.
“De hecho, entreno a muchos más de ellos”, explica Richaud, dando a entender que su influencia se extiende más allá de los atletas olímpicos calificados. Este amplio alcance demuestra la demanda de su experiencia en un deporte donde la coreografía y la interpretación son primordiales.
La logística de entrenar a varios atletas olímpicos
Entrenar a una plantilla tan grande requiere una planificación meticulosa. El período pico de creación de Richaud cae entre los Campeonatos Mundiales (normalmente en marzo) y julio, lo que le permite desarrollar nuevas rutinas. Luego colabora con patinadores, evaluando su nivel de habilidad y aspiraciones actuales. El entrenador se adapta a las necesidades de sus deportistas, ya sea viajando hasta ellos o utilizando tecnología moderna.
“Es muy útil porque hoy, con el teléfono y las nuevas tecnologías, podemos hacer mucho más y mucho más rápido”, señala. Las actualizaciones diarias del programa le permiten perfeccionar la coreografía sobre la marcha, maximizando la efectividad.
El costo emocional de la competencia de alto riesgo
A pesar de su comportamiento tranquilo, Richaud admite que entrenar en los Juegos Olímpicos es emocionalmente agotador. Los altibajos son intensos, mientras ve a los patinadores subir y bajar en momentos. Un patinador pasó de la contienda por la medalla a perderse el podio, mientras que otro, un debutante, estuvo a punto de conseguir el bronce.
“Es difícil”, dice Richaud. “Porque experimentas estas oleadas de emociones muy fuertes”. Mantiene la imparcialidad, brindando a cada patinador su pleno compromiso, equilibrando alegría y decepción.
Un momento viral para el patinaje artístico
La fama de Richaud no fue intencionada. Inicialmente descartó los videos virales como “divertidos”, pero se difundieron rápidamente en las redes sociales. Espera que esta nueva atención aumente la visibilidad del deporte.
“El patinaje artístico no es tan popular en las redes sociales como podría ser”, argumenta Richaud. “Al volverse viral, espera atraer más atención a este deporte, al que llama “uno de los más bellos del mundo”.
Al final, el entrenador que cambia de chaqueta se ha convertido, sin darse cuenta, en un símbolo de la dedicación y la intensidad emocional del patinaje artístico. Su historia destaca cómo incluso los roles más discretos en los deportes de élite pueden capturar la imaginación del público y atraer la atención hacia un deporte que merece un mayor reconocimiento.





























