La larga sombra de la sanción de la FIFA a Joseph Blatter

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El tiempo de Sepp Blatter al frente de la FIFA no terminó con una renuncia. Terminó con un mazo. La presidencia del funcionario suizo fue suspendida por el comité de ética de la organización en octubre de 2015. Esa suspensión fue solo el primer paso de un tira y afloja legal que duró años y que definiría su legado.

Unos meses más tarde, la FIFA le impuso una suspensión total de ocho años de todas las actividades relacionadas con el fútbol. Era una opción nuclear. Blatter no se quedó sentado. Impugnó la decisión de inmediato, arrastrando el proceso a través de múltiples comités.

En febrero de 2016, el comité de apelación redujo la sentencia a la mitad. La prohibición de ocho años pasó a ser de seis años. Se alejó pensando que lo peor ya había pasado. El reloj empezó a correr en una fecha de vencimiento de 2021.

“La organización lo prohibió por seis años más después de que terminara su primera prohibición en 2021”.

Blatter podría haber tenido razón al pensar que todo había terminado. Pero la FIFA tenía en mente un cronograma diferente. Las reglas no se detuvieron solo en 2021. La organización decidió agregar otra prohibición de seis años una vez que concluyó la primera.

El resultado es un período de exclusión total que se extiende mucho más allá de su salida real del cargo. Los mecanismos del sistema de justicia interno de la FIFA lo mantuvieron fuera. Las apelaciones no limpiaron su nombre. Simplemente acortaron la frase inicial.

Ahora, Blatter sigue excluido del deporte que alguna vez practicó. La prohibición no fue un castigo único. Fue una decisión en capas. Primeros seis años. Luego otros seis. El tiempo total alejado de actividades relacionadas con el fútbol es significativo.

Plantea dudas sobre cuánto duran dichas prohibiciones. También destaca el poder del comité de ética. No se limitan a dictar sentencias. Los extienden. La historia de Blatter no se trata sólo de acusaciones de corrupción. Se trata de la duración del exilio.

Ha estado fuera del juego por más tiempo que muchos presidentes actuales. Los números son claros. La prohibición está activa. La controversia persiste.