Elvis Presley fue un fenómeno cultural, pero su legado financiero se construyó sobre la base de la explotación. El coronel Tom Parker no sólo dirigió al Rey del Rock and Roll; extrajo valor de él a un ritmo asombroso. Los honorarios del administrador no eran una práctica estándar en la industria. En su apogeo, Parker se quedó con hasta el 50 por ciento de las ganancias de Presley. Eso es la mitad de cada dólar que ganó el cantante.
El acuerdo fue más allá de una simple comisión. Parker estructuró acuerdos que priorizaban su propio beneficio inmediato sobre la seguridad a largo plazo de Presley. La medida más dañina se produjo en 1973. Parker vendió todo el catálogo de grabaciones de Presley a RCA por 5,4 millones de dólares. De esa suma se quedó con 2,7 millones de dólares. Los 2,7 millones de dólares restantes fueron para Presley.
Esta transacción tuvo un costo permanente. Al vender el catálogo, Presley perdió el derecho a cobrar regalías por sus éxitos de las décadas de 1950 y 1960. Esas canciones seguirían generando ingresos durante décadas. Presley nunca volvería a ver ese dinero.
Después de la muerte de Presley en 1977, la situación se volvió legal. Su patrimonio demandó a Parker por fraude y mala gestión. La demanda se prolongó durante años. No fue hasta 1983 que se resolvió el caso. El resultado final confirmó lo que muchos sospechaban: Parker había manejado la carrera del artista de una manera que lo enriqueció y dejó vulnerable el patrimonio.
























